sábado, 2 de enero de 2021

El folklore canario en tiempos de COVID



A partir de mediados del mes de marzo de 2020, la cultura ha sufrido numerosos cambios a causa de la pandemia. Desde su aparición intermitente en escenario, salas de arte, teatros... hasta la participación lúdica de numerosos y numerosas artistas en RRSS o balcones para facilitar el confinamiento.

Dentro del amplio mundo de la cultura, nos centraremos en hablar de la música y, concretamente, del plano folklórico en Canarias, aunque posiblemente sea equiparable a otras comunidades. Una sección del panorama musical en la que aún no se pueden llegar a percibir los efectos que ha tenido la COVID-19 sobre agrupaciones folklóricas, rondallas, parrandas, agrupaciones culturales, etc.

Contexto

Primero que nada, debemos de destacar que Canarias cuenta con una demografía tan solo unas décimas por debajo de la media nacional (2,2 millones de personas), de los cuales 347.307 cursaron estudios no universitarios en el curso 2019/2020 en las islas. De este amplio número de personas señalaremos que, según el ISTAC (2004), casi el 60% personas de 16 o más años realiza una escucha diaria de música que, aunque actualmente haya variado, lo más probable es que la escucha haya aumentado considerablemente con el auge de la música en streaming y de nuevos géneros y subgéneros musicales.

A pesar de ser esto último una adhesión subjetiva, podemos intuir que dicha afirmación tiene cierto matiz de veraz cuando vemos que, de acuerdo con las cifras que ofrece el Ministerio de Educación y Formación Profesional del Gobierno de España, en el pasado curso 2019/2020 unos 2090 alumnos y alumnas se formaban en música entre los estudios elementales, profesionales y superiores los conservatorios isleños. A su vez, si lo unimos con las enseñanzas musicales no regladas, el alumnado vinculado a este ámbito de formación llegaría a un total de 18.024. Esta última cifra no llega a lo casi 30.000 educandos y educandas que reciben las escuelas de idiomas que, aún teniendo una mayor relevancia en los/as jóvenes canarios que la música tanto por lo académico como por el contexto socioeconómico del turismo, las cifras parecen no encontrarse tan lejanas entre sí.

También, habría que destacar en este punto el número de grupos musicales vinculados a la música tradicional o folklore musical canario que, aunque impreciso, podríamos decir que supera el centenar de formaciones centradas en la difusión e interpretación de cantos, ritmos y otros elementos de la tradición musical canaria. A día de hoy, es quizás más impreciso asegurar números concretos puesto que, como tema fundamental de este artículo, hay numerosos grupos folklóricos que han sufrido la detención de la actividad cultural y, por tanto, han podido disolverse.

Por último, señalar que, además de las medidas oficiales vinculadas a la gestión del virus (Ministerio de Sanidad del Gobierno de España, BOE y Organización Mundial de la Salud), habría que destacar la Guía de buenas prácticas para el reinicio de la actividad escénica y musical en España con la que todos los artistas de diversas disciplinas han tenido que toparse y generar un proyecto y rider para garantizar un espectáculo que ofrezca todas las seguridades, o al menos prevenir contagios. Así mismo, las circunstancias que ha padecido el sector cultural de la música, entre otros, ha despertado movimientos sociales entre los que destaca la creación de Alerta Roja Eventos, como "movimiento de unificación sectorial de la industria del espectáculo y los eventos. Además de eso, en diversos medios de comunicación, se generaron espacios de debate y visibilización de las contrariedades y dificultades que pasaban estos sectores, como fue el caso de Late Motiv con el Especial Música y su respectivo Monólogo.

¿Qué ha pasado con los grupos folklóricos?

Tras ver el contexto queda hablar de lo que ha pasado con los grupos folklóricos. Y es que, gracias a programas televisivos, como Canarias es cultura, Noche de taifas, Viva Canarias o Tenderete, así como los programas radiofónicos y podcast, como Viva mi gente o Tradición y Folklore, se ha podido mantener la actividad de los diferentes grupos de las islas. A su vez, son varios los grupos que, en sus RRSS, han querido compartir unos minutos musicales para amenizar la estancia en casa y prolongar la actividad de los grupos aunque sea en la distancia.

Ya pasada la fase del confinamiento, las diferentes agrupaciones y parrandas pudieron retomar su actividad grupal, con numerosas restricciones de espacio, distancia y limpieza. Fue gracias a ello que pudimos volver a ver actividad cultural de estos grupos durante algunos meses. A pesar de ello, ya con la vuelta de los colegios, en septiembre y octubre se comenzaron a endurecer unas medidas que, actualmente, hace imposible realizar ensayos grupales. El cierre de las AAVV y las limitaciones de aforos a 6 o 10 personas hacen que grupos, con plantillas de entre 20-30 o más integrantes, vean inviable cualquier tipo de ensayo conjunto.

¿Y tanto perjudica a los grupos?

Primero que nada, hay que aclarar que los grupos folklóricos o agrupaciones culturales, en este caso, vinculadas a la tradición musical canaria, tienen unas características bastante similares que suponen un handicap en situaciones como la actual.

Esta desventaja respecto a otras formaciones como las bandas u orquestas tienen que ver con el nivel formativo-musical y destreza de los integrantes. Es decir, normalmente los grupos, aunque cada vez menos, disponen de una plantilla de músicos entre los que predominan los intérpretes amateur, personas jubiladas o que ven la música como un entretenimiento o hobby con el que desconectar de la rutina. Pocos leen partituras o conciben su actividad musical con la misma dedicación, trabajo y constancia que un oficio o unos estudios académicos. Es por ello que, por lo general, todas las agrupaciones suelen hacer ensayos semanales (de 1 a 3 ensayos/semana) con el fin de afianzar el repertorio o de estudiarlo, ya que quizás en el resto de la semana no se ha podido trabajar de manera individual.

En cuanto a los músicos profesionales y/o con formación académico-musical vinculados a estos grupos, también les supone un problema esta situación. Aunque en este caso el trabajo individual pueda estar garantizado a ojos de la dirección musical del grupo, cierto es que estos intérpretes suelen suponer un coste para los grupos. Este coste, en el ámbito económico, es difícil de cubrir puesto que sin actuaciones no hay ni ayudas ni dinero para cubrir la inversión en estos músicos profesionales. Del mismo modo, éstos no tienen más remedio que 'arrimar el hombro' en solidaridad con el grupo hasta que vuelvan a recibir ingresos o buscar otra alternativa en otros grupos más reducidos, en la enseñanza, etc.

De igual modo, por muy profesional o amateur que sea la totalidad del grupo, cualquier agrupación musical necesita pasar por la dirección conjunta para poder afianzar el repertorio, corregir matices y asegurar que la futura puesta en el escenario sea eficaz.

El problema es que, sin actuaciones con fecha estable y sin posibilidad de realizar ensayo, muchos grupos tenderán a desaparecer ya que necesitarán de tiempo y dinero para mantener el proyecto musical. Esta situación se acrecentará cuanto más tiempo pase en estas condiciones y más aún si, aquellas personas que no tienen con quien repasar el repertorio o no practican con su instrumento, pasen lejos de la tutela del director o directora del grupo. 

Pero, ¿no hay ninguna alternativa para poder ensayar?

Actualmente supone una barrera infranqueable. Las limitaciones, sobre todo en la isla tinerfeña, hacen prácticamente imposible realizar ensayos respetando las medidas y con los espacios y recursos que cuentan muchas de las agrupaciones folklóricas de Canarias.

Algunos grupos, incluso fuera del ámbito folklórico, han probado mediante el envío de grabaciones, partituras midi, notas de voz, indicaciones mediante correos, videollamadas o WhatsApp, etc. Pero solo serviría para el plano del trabajo individual que, como comentábamos anteriormente, seguiría faltando el ámbito grupal. Además, varias personas pueden encontrar engorroso o imposible realizar ese trabajo mediante las TIC's.

Por otro lado, se ha contemplado realizar pequeños grupos a modo de ensayo de secciones, es decir, un día ensayan las guitarras, otro las laudes y/o bandurrias, otro la percusión con el bajo,... De tal manera que, por lo menos, haya algo de trabajo grupal y solo haga falta empastar y ajustar pequeños elementos en un futuro, esperemos no muy lejano. Aún así, lugares como en Tenerife parece también imposibles estas medidas.

Las orquestas y bandas sinfónicas han optado por llevar el ensayo en auditorios o al aire. Es el caso de la JOCAN (Joven Orquesta de Canarias) que comenzó los ensayos hace hace pocos días en el Auditorio Adam Martín y, actualmente, en las instalaciones del Conservatorio de Santa Cruz de Tenerife. Por su parte, en la isla con más restricciones en los últimos meses (Tenerife), la propia orquesta del CSMC no solo realizó los ensayos dentro de las propias instalaciones del centro sino que también dispuso del Espacio La Granja, tanto en ensayos como para la propia actuación. Así mismo, la Orquesta Filarmónica Juvenil de Tenerife "Miguel Jaubert" desempeñó sus ensayos grupales en el Museo de Historia y Antropología de Casa de Carta. Aunque no podemos comparar 'orquestas con parrandas', cierto es que estas orquestas han llegado a cumplir con todas las medidas para desempeñar dichos ensayos.

Igualmente, sigue siendo algo engorros, costoso y que, debido a los innumerables grupos folklóricos que hay en Canarias, es hasta difícilmente abarcable.

¿Y qué grupos serían los más perjudicados?

Los más damnificados por esta situación son, sin lugar a duda, las parrandas.

Al contrario que las agrupaciones culturales o los grupos folklóricos, las parrandas suelen tener un carácter más lúdico y se suele conformar mediante la integración esporádica de diferentes tocadores que llevan la música folklórica y popular al estadio más primigenio, la parranda en sí. Al ser plantillas generalmente amateur en el plano musical, su inactividad grupal podría afectar de gravedad a su permanencia. A pesar de ello, sus integrantes suelen contar con un elemento a su favor que es el del entorno parrandero. Es decir, su entorno familiar, vecinal o amigos más cercanos son tocadores y posiblemente puedan mantener la actividad interpretativa durante este periodo sin llegar a incumplir las normativas sanitarias.

Tras este grupo, se encuentras las agrupaciones folklóricas (A.F.) y/o rondallas que, aunque en el pasado y en las voces de quienes recuerdan y vivieron aquellas épocas fueron sinónimos, actualmente se diferencia a las segundas haciendo referencia a las del carnaval. En cualquier caso, sus características son similares. En este caso, ambas formaciones cuentan con intérpretes de todo tipo de niveles formativas y destrezas musicales así como diferentes son sus implicaciones en el ámbito musical. Hay componentes que tienen cierta destreza frente a partituras (en pentagrama o tablatura), elementos teórico-prácticos musicales o incluso manejan varios instrumentos. A pesar de ello, necesitan de un trabajo constante y de, al menos, 1 ensayo a la semana para poder realizar sus actuaciones, cuando sea posible.

En otro sentido, los llamados grupos folklóricos (G.C.) y las asociaciones o agrupaciones culturales (A.C.) tienen un carácter más profesional, solo hace falta entrar a cualquier web oficial de este tipo de grupo y ver que sus trayectorias abarcan más de 30, 40 o 50 años. Han producido discos, han sido portada en prensa, televisión y radio y hasta salen en los libros de la historia de la cultura tradicional como máximos exponentes de su legado. Es por ello que muchos de sus integrantes llevan la música al panorama más profesional posible. Independientemente de si poseen altos conocimiento teórico-musicales o si poseen un linaje folklórico-musical, sus componentes viven con la mente en el grupo. Es el caso de Los Sabandeños, Los Gofiones, Princesa Iraya o Achamán entre muchos otros. En este caso, para evitar que el grupo decaiga, las direcciones musicales de los respectivos grupos se centran, junto con los presidentes/as de los mismos, en realizar diversos controles rutinarios para asegurar el estado de su plantilla, realizar actividades (dentro de las medidas vigentes) para mantener el grupo unido y ofrecer algunas labores musicales grupales para mantener la actividad del conjunto musical, como pueden ser pequeños vídeos de cada componente en su casa grabándose con su instrumento o voz o incluso algún saludo especial vinculado a alguna festividad o sencillamente con una intención lúdica.

¿Hay solución?

Siempre hay soluciones pero, como comentamos antes, son complejas. En sí, desde una opinión personal pero justificada, creo que existen 5 factores que podrían ofrecer mucha ayuda:
  1. Ofrecer espacios públicos y/o privados a los diferentes grupos. Desde un espacio con carpa hasta teatros o auditorios pasando por salas acondicionadas podrían ser de utilidad para, al menos, ensayos por secciones.
  2. Ofrecer espacios en streaming en las plataformas del gobierno, cabildos o en los ayuntamientos canarios en los que se encuentra cada grupo. Una acción muy popularizada en las islas capitalinas que atrajo la mirada de muchos y mantuvo la actividad cultural durante un periodo de tiempo. A pesar de ello, poco sirvió a muchos grupo folklóricos y asociaciones culturales que se quedaron a las puertas de esta prestación.
  3. Realizar clases virtuales de música y/o folklore (componentes). Que los grupos hagan una labor formativa para integrantes y miembros externos al grupo podría suponer una mejora en la promoción del mismo, de sus integrantes y del propio folklore y enseñanzas artísticas. Además, ayudaría a reclutar futuros miembros (a modo de cantera) y ofrecería la posibilidad de contribuir económicamente con la entidad más allá de la interpretación musical. Este ámbito de la docencia musical tradicional se habló en Tradición y Folklore.
  4. Respaldar económicamente la compra de PCRs. Según la COPE (23/09/2020), el precio en España ha rondado entre los 130 y los 240€, precio que clarísimamente se escapa de las posibilidades de estos grupos. En este caso, un apoyo económico para un grupo reducido de grupos por municipio podría ser asequible pero igualmente insostenible.
  5. Ofrecer una ayuda económica para el mantenimiento del grupo. Varios de estos grupos tienen un coste (dirección musical, arreglos, local de ensayos...) y es complicado mantenerlo solo a base de los ingresos simbólicos de sus integrantes. Aquí hay que decir que varios municipios han hecho ya sus acciones particulares con diversos grupos musicales.
Quizás algunas de estas opciones puedan resultar difíciles de realizar a nivel burocrático y/o económico. Pero, al mismo tiempo, creo que al menos las 3 primeras podrían darse sin grandes agravantes.


Conclusiones

La música folklórica pasa por momentos delicados pero no imposibles de afrontar y superar. Es por ello que la cooperación entre entidades oficiales, grupos y la propia ciudadanía será fundamental para superar las adversidades con el menor número posible de agravantes.

Por último, y para visibilizar las dimensiones de este contratiempo, citaremos algunos de los grupos folklóricos, agrupaciones musicales y parrandas, entre otros, que componen la difusión y divulgación de nuestro folklore musical:

A.F. Chisaje
A.F. Chimaque
A.F. Princesa Dácil
A.F. de Higa
A.F. Acorán
A.F. Estrella y Guía
A.F. Virgen de la Alegría
A.F. San Cristóbal
A.F. Tamadiste
A.F. Mafasca
A.F. Sabinosa
A.F. Tagonache
A.F. Guidia
A.F. Cumbre Nueva
A.C. Jóvenes Sabandeños (Grupo Achamán)
A.C. Tajaraste
A.M Los Gofiones
G.F. Princesa Iraya
G.F. Verode
G.F. Támbara
G.F. Añate
Grupo Los Sabandeños
Grupo Magec
Grupo Atlante
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